En nuestra opinión, las Resoluciones 242 y 338 de las Naciones
Unidas, encierran las bases necesarias para buscar la solución
del problema judío-palestino.
El pueblo judío y el pueblo palestino, tienen los mismos derechos
a existir en la región del Oriente Medio, como dos Naciones y
pueblos libres, soberanos e independientes, con reconocidas y
garantizadas fronteras internacionales.
Toda la Humanidad ha esta de acuerdo con ello a través de las
Resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas desde el ano 1947.
Los únicos que no han estado de acuerdo con ello son irónicamente
las dos partes en conflicto, que son los más afectados por éste
problema, y los países y las fuerzas que, apoyando a cada una de
esas partes, han imposibilitado hasta hoy un acuerdo, dado la
diversidad de intereses que defiénden.
Creemos que no se gana nada con senalar culpables dónde las
realidades y los hechos háblan por sí solos. Creemos que ha
llegado la hora de senalar porqué hasta hoy ha sido imposible
llegar a un acuerdo, y que la respuesta hay que obtenerla de la
situación misma existente en el Medio Oriente, y en la que ni
los judíos ni los árabes tienen credibilidad.
Esa falta de credibilidad entre judíos y árabes, manifestada en
irresponsabilidad mutua para realizar, mantener y respetar
acuerdos políticos, es el combustible que mantiene vivo la
desconfianza, el temor, la represión y la violéncia entre las dos
fuerzas en conflicto, y en la que influyen también las distintas
concepciones religioso-filosóficas cristianas y muslmanas con
sus obsoletas concepciones políticas sobre el problema judío-
palestino.
Y al no tener tampoco los principales aliados de esas fuerzas
judío-palestino-árabes en conflicto, (los Estados Unidos y la
Unión Soviética), un control real sobre el desarrollo de los
acontecimientos, se hace imposible la búsqueda de una solución
justa al conflicto, a través de los mecanismos tradicionales;
Naciones Unidas, Estados Unidos, Unión Soviética,
Confederaciones Políticas de países Arabes, etc. Es aquí
cuándo nosotros senalamos que:
La solución del conflicto judío-palestino sólo podrá ser posible,
cuándo exista un garante verdaderamente capáz de hacer posible
la aceptación y el respeto de esos acuerdos, y de garantizar a
cada una de las partes, tanto al pueblo judío como al pueblo
palestino, sus respectivos derechos de existéncia.
Y como ni las Naciones Unidas, ni los Estados Unidos, ni la
Unión Soviética, ni los países árabes de la región, ni los propios
judíos y palestinos son capaces de lograr esos acuerdos, ni
mucho menos de garantizar e imponer los mismos, corresponde
entonces a una Nueva Fuerza político-económica-militar imponer,
garantizar y materializar esos acuerdos.
Esa Nueva Fuerza la constituyen y representan, los Países del
Mercado Común Europea o Nuevo Imperio Romano de Occidente,
cómo nosotros preferimos llamar oficialmente.
Corresponde entonces al Nuevo Imperio Romano de Occidente
constituído por los Países del Mercado Común Europeo, y que
tendrá lugar en Europa oficialmente en 1992, propiciar, imponer
y garantizar la solución del problema judío-palestino partiendo
de las Resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas, cómo bases
principales para la obtención de dicho acuerdo.
Esto es así, no solamente por la gran deuda histórico-moral y de
responsabilidad que tiene toda Europa Occidental hacía el pueblo
judío, sino tambien, por ser los Países del Mercado Común Europeo
o el Nuevo Imperio Romano de Occidente, la única fuerza que
verdaderamente tiene la capacidad real, para exigír, imponer y
garantizar dicho acuerdo con su poderío político-económico y
militar, en la solución del problema judío-palestino.
Nuestro “Plan de Paz 666 para resolver el problema judío-palestino”,
se basa en la aceptación por parte de las partes en conflicto, de
las Resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas y del compromiso
que deben hacer, los Países del Mercado Común Europeo o Nuevo
Imperio Romano de Occidente, de garantizar esa paz con su
poderío político, económico y militar.
Afirmamos que esto debe ser así, no sólo por ser ésta en nuestra
opinión, (formada a través de complicadísimos y profundos estudios
al respecto), la única manera posible para resolver a través de
acuerdos justos, el problema judío-palestino, sino por ser el
Nuevo Imperio Romano de Occidente, (integrado por los Países
del Mercado Común Europeo), la única fuerza política, económica
y militar que tiene posibilidades reales, para ayudar a transformar
el mundo a través de nuevas ideas e innovaciones político-económicas,
desprovistas de los sectarismos y dogmatismos ideológicos que
caracterizan a las actuales potencias mundiales.
El Nuevo Imperio Romano de Occidente, cómo nosotros bautizamos
sin temor a equivocarnos a los Países del Mercado Común Europeo
después de su integración oficial en 1992, representa y constituye
hoy la única fuerza política, económica y militar que, dada a su
naturaleza de integración y creación, (economía común, abolición
de fronteras geográficas, regulaciones y leyes jurídicas comunes,
poder central, sistema de convivencia democrática basado en el
reconocimiento y respeto de los derechos humanos, con regulaciones
económicas que garantizan el desarrollo económico y el
funcionamiento de la libre empresa, etc., etc.), supera con su
capacidad, existéncia y poder, el sueno de los más grandes
pensadores y conquistadores romanos, por cuanto sin las
aberraciones, injustícias y crímenes que caracterizaron al
viejo Imperio Romano, este Nuevo Imperio se funda en base a
raciocínio, a la inteligencia y al sentido común cómo únicas
armas, para la búsqueda y el logro de soluciones comunes a
problemas y metas comunes; el desarrollo y progreso de
Europa Occidental.
Ninguna relación tiene pués, nuestra calificación de Nuevo Imperio
Romano de Occidente a los Países del Mercado Común, con las
aberraciones e injustícias que caracterizaron (junto a su grandeza),
al viejo Imperio Romano de los Césares. La unficación de la Europa
Occidental de hoy, no se va a realizar a través de conquistas
militares sino a través de soluciones político-económicas pacíficas
a problemas, necesidades y metas comunes. Y esto es también
lo que proporciona a esta Nueva Fuerza político-económico-militar
en el mundo de hoy, la capacidad y el derecho para presentar y
garantizar nuevas soluciones, a todos los problemas mundiales
que hoy aquejan a la Humanidad de nuestro tiempo.
Y cómo esa Europa Occidental unificada constituye también el
escenario apropiado para el surgimiento de nuevos líderes
políticos, no son erradas (ni productos de ciencia-ficción), nuestras
conclusiones y afirmaciones que el Parlamento Europeo es la
tribuna desde la cual vá a surgir, un nuevo Líder Político Mundial,
con personalidad y carácteres únicos, que, no solamente va a
dirigir los destinos de Europa Occidental o del Nuevo Imperio
Romano de Occidente, sino que también va a ayudar con su
inigualable poder a transformar el mundo, llevando a toda la
Humanidad, una felicidad, una prosperidad, una paz y un
progreso (con libertad y justícia social), sin precedentes en la
História Humana.
Nuestro “Proyecto 666” es la chispa que anuncia hoy el inicio
de este proceso histórico ya comenzado, y que oficialmente tendrá
lugar en 1992, con la integración formal de los Países del Mercado
Común Europeo.
Y nuestros descubrimientos científicos, el “Código de Identidad
Personal 666”, el “Código de Negocios 666” y el “Sistéma de
Negocios 666”, destinados a abolir el dinero y a crear un Nuevo
Orden Económico Internacional, son los instrumentos necesarios
para garantizar la existéncia de ese Nuevo Poder. Con ello
cumplimos también una parte de nuestro deber histórico; ayudar
a la construcción de éste Nuevo Poder y a la creación de un mundo
mejor.
La solución del problema judío-palestino exíge también la
solución de complicadísimos problemas político-religiosos. Nuestro
“Proyecto 666” encierra en su totalidad esas soluciones.