Como Dios no ha podido con los Diez Mandamientos
traer la felicidad, la justicia, el amor y la paz entre los hombres,
ha ordenado ahora a su gran hijo El 666 hacerlo, con el Proyecto 666.
(final del) Capítulo XVIII.
EL INEVITABLE CHOQUE DE EL 666 Y LA BIBLIA
O LA NECESARIA REBELION DEL HOMBRE
CONTRA DIOS.
("Proyecto 666" de Michel Smiely "666").
La Biblia parte –como todas las religiones-, de la existéncia de un
Dios y del Bien y del Mal, y de una predestinación que le ha sido
impuesta por Dios al Hombre que culminará en el Apocalípsis o
destrucción del Hombre, y con ello también, con el retorno de Dios
a la Tierra, etc., etc., etc.
Nosotros partimos del hecho que Dios no existe, como tampoco
existen el Bien y el Mal por sí solos. Partimos del hecho que existe
solo una realidad material de la que el hombre forma parte, y que
el plano espiritual que también forma parte de la naturaleza humana,
es sólo un sofisticado estado de materia; una transformación de la
misma, por cuánto la materia nunca muere, cambia y se transforma.
Partimos también del hecho que, el Bien y el Mal no exísten por sí
solos sino que son conceptos a los que el Hombre, de acuedo a su
evoclución y época histórica, le proporciona calificativos especiales.
La promiscuidad sexual del matriarcado y el canibalismo, para
citar ejemplos, justificados por el Hombre en determinadas épocas
históricas y de evolución de la Sociedad Humana, no tienen hoy
aceptación y merecen las condenas más grandes. Lo que quiere
decir que los conceptos del Bien y del Mal son relativos, y tienen
una íntima relación con el desarrollo y evolución de la Sociedad
Humana.
Nosotros partimos también del hecho que el Hombre, no ha nacido
culpable de ningún pecado ni delito alguno y que cómo tal, es
inocente y no puede ser juzgado ni condenado a ningún castigo ni
sufrimientos infernales. También afirmamos que el Hombre es un
ser consciente con capacidad y derecho a decidir y forjar su propio
destino, y que no necesita de la ayuda de dioses para encontrar su
felicidad.
Afirmamos también que el Hombre es un producto de la evolución
de la materia y no una creación de supuestos dioses, y que cómo tal
el hombre no tiene porqué someterse, a los dictados de supuestas
leyes divinas, productos de religiones que la ignorancia y el atraso
del Hombre, ha venido creando desde las épocas más remotas en
que la incapacidad y el obscurantismo regían en la Sociedad
Humana.
Somos pues materialistas y aceptamos la espiritualidad cómo una
evolución y parte de la materia. No representamos ni defendemos
ninguna verdad eterna porque para nosotros, todo se transforma
y la eternidad la constituye la propia existéncia y transformación
de la materia en el espacio y el tiempo, no en la confiduración y
determinación de inexistentes dioses.
Y afirmamos también en el caso concreto de la religión cristiana
que, si la moral de Dios es la que exponen y senalan los Diez
Mandamientos, el Hombre ha superado ya esa moral, al
proporcionarle a sus leyes y códigos de justícia y de convivencia
humana, a su moral y a su ética, bases económicas desde las
cuáles pueden ser realmente respetadas, y ética muy superior,
en moral y en justícia a los Diez Mandamientos.
Todo lo contrario a las leyes de “Dios” expresadasm en los Diez
Mandamientos que, exígen acatar sus prescripciones pero no
presentan las soluciones necesarias para crear en la Sociedad
Humana, las condiciones capaces de hacer cumplir esos
mandamientos.
Por eso no nos equivocamos al afirmar que, de existir
verdaderamente, ese Díos que describe La Biblia y que
concedió al Hombre sus Diez Mandamientos, es un Díos
imperfecto e injusto (y cómo tal no es entonces ningún Díos),
porque, al haber creado al Hombre, según afirma esa propia
Biblia cristiana, a su “imágen y semejanza”, lo dotó de toda
clase de imperfecciones, egoísmos y bajezas que, juntos a sus
capacidades y cualidades, no pueden ser juzgadas por ningún
Díos incapaz de crear a un Hombre con la perfección que le
exígen, sus castigos y mundos infernales. Semejante contradicción
es inaceptable e injustificable, en un Díos perfecto y todopoderoso.
Tenemos también que, hablar de “vida eterna” y de un supuesto
“Paraíso” después de la muerte, es una falsedad y ridiculez
impedonable que despierta también, los más injustificables y
bajos egoísmos en el Hombre, por cuanto la muerte es y debe
ser siempre una parte de la vida, y una manera natural y justa
de substituir a los hombres y generaciones humanas, que jamás
deben aspirar a una inmortalidad y eternidad propia de
inexistentes dioses.
No podemos en tan corto tiempo analizar, todas las inconsecuencias
y falsedades que carácterizan a La Biblia. Pero si podemos
concluir afirmando que La Biblia es un escrito amenazante y
belicoso que, lejos de presentar explicaciones concretas sobre la
creación del mundo y de la propia existéncia de Díos, lo que hace
es presentar dogmas religiosos que no resisten exámenes
científicos y que por lo tanto son, de imposible aceptación para
todo aquél que tenga algo de cerebro, y que al analizar y estudiar
la existéncia humana y la de las propias religiones, comprende
sin dificultad las ignorancias, las incapacidades y obscurantismos
que les sirven de bases, y lo ridículo que es afirmar que son
revelaciones “divinas” o de “díoses”.
Por último, tenemos también el no menos importante hecho que
hablar de justícia, perfección y moral “divina”, no tiene ningún
sentido ni razón alguna, por cuanto sobre las prescripciones,
dógmas y religiones de supuestos dioses, (cristiano, musulmán o
budista, -para citar ejemplos-), se cometen y han cometido en todo
el curso de la História Humana, las fechorías, delitos y crímenes,
más abominables y horrendos.
Lo que quiere decir que Díos ha aprobado y sancionado las más
imperdonables e inconcevibles fechorías, cometidas por sus
representantes, súbditos y seguidores en todo el curso de la
História humana. Semejante Díos o díoses no tienen pues derecho
ni moral para exígir al Hombre, ningún tipo de reconocimiento,
aceptación o respeto. Ni mucho menos para imponerle una
conducta.
Por otra parte, no son argumentos justos ni mucho menos propios
de dioses perfectos, las amenazas y castigos infernales, de fin del
mundo y de apocalípsis, -para citar ejemplos-, con que un supuesto
Díos puede convencer al Hombre o debe utilizar para convencer
al Hombre, sobre una existéncia que han proclamado, apoyado
y defendido las fuerzas más reaccionarias y criminales en todas
las sociedades humanas, al precio de indescriptible dano y
retroceso al desarrollo y progreso de la Humanidad, esto, sin la
más mínima protesta e intervención de justícia de ninguno de
esos dioses.
En semejante situación nosotros cómo 666, somos diferentes,
porque no amenazamos ni chantajeamos a nadie con castigos e
infiernos eternos, para que se nos reconozca y acepte las
soluciones y verdades que representamos y defendemos.
Nosotros no amenazamos ni condenamos a ningún opositor
nuestro con ningún tipo de castigos y amenazas infernales.
Nosotros no propugnamos la represión, el asesinato y el crímen,
ni las amenazas ni el terrorismo religioso, como armas y
argumentos contra nuestros opositores y detractores. Todo
lo contrario; apelamos al raciocinio, a los más elementales
sentimientos de justícia, de conciencia, de dignidad y de
moral, para reconocer y apoyar nuestros argumentos e
ideas en todo hombre de bien.
Lo que quiere decir que nosotros cómo 666 y seres
“diabólicos” o “Satanás” rencarnado, tenemos una moral,
una conciencia y un ideal muy superior a los de esos dioses,
religiones y “Biblias Sagradas” que nos combaten y calumnian.
De aquí nuestra necesaria rebelión y indestructible fuerza. Y
también las bases para nuestra inevitable victoria.
Senalamos todas estas cosas, porque nuestro inevitable choque
y contradicciones con La Biblia cristiana, y con las falsedades,
mentiras y calumnias que ésta representa y defiende, están
determinado por necesidades y realidades históricas concretas.
Nosotros cómo “666”, defendemos, constituímos y representamos
el desarrollo, la justícia, la libertad, la felicidad, el amor, la paz,
la hermandad y el progreso de la Humanidad. La posibilidad real
de poder construir un verdadero Paraíso en la Tierra.
Las religiones y “dioses” que nos combaten, condenan y calumnian
representan; la esclavitud espiritual del hombre y el retroceso y
atraso de la Humanidad, así cómo las injustícias sociales, la
pobreza, el hambre, la miséria, la desigualdad, la explotación y
la infelicidad del hombre. Que no estamos equivocados al afirmarlo
lo demuestra nuestro “Plan de Paz 666 para resolver el problema
judío-palestino” que amenaza la paz mundial, y puede conllevar
también a la destrucción del género humano.