Hemos explicado ya la Estructuración Económica que debe caracterizar
al Nuevo Imperio Romano de Occidente, integrado por los países del
Mercado Común Europeo, exponiendo las metas y bases de substentación
en que debe edificarse. Necesario es ahora exponer, la Integración
Económica que debe caracterizar a esta Nueva Sociedad capaz de
transformar al mundo. La mejor manera de hacerlo es senalando la
fórmula capaz de garantizar esa integración económica, sin precedentes
en la historia humana. Tres cosas hay que utilizar:
1. El “CODIGO DE NEGOCIOS 666” (the “Business Code 666”), que
abarca todas las transaciones económicas y comerciales.
2. El “SISTEMA DE NEGOCIOS 666” (the “Business System 666”), que
cambia las regulaciones existéntes hoy día en el mundo de los negocios.
3. El “CODIGO DE IDENTIDAD 666” (the “Identity Code 666”), que es
el código de identidad más perfecto e infalsificable del mundo.
Vamos a analizar por separado las implicaciones de estas fórmulas que
nosotros hemos creado y que dan nombre a nuestro “Proyecto 666”.
1. EL “CODIGO DE NEGOCIOS 666” (the “Business Code 666”),
que abarca todas las transaciones económicas y comerciales.
El sueno de todo comerciante y hombre de negocios ha sido siempre en
todo el transcurso de la historia humana, realizar sus actividades
comerciales utilizando un solo sistema monetario. Las diferentes monedas
y “divisas” internacionales existentes hoy día en el mundo, son
consecuencias del atraso en que todavía se encuentra el hombre, en la
realización de sus actividades comerciales.
El Dólar se ha escogido hoy como divisa internacional de comercio no
porque sea la mejor solución, sino por condiciones históricas especiales,
que permitieron a los Estados Unidos convertirses después de la Segunda
Guerra Mundial, en el país más poderoso del mundo.
Ahora bien, los Estados Unidos se convirtieron después de la Segunda
Guerra Mundial, en el país más poderoso del mundo, no porque el
capitalismo norteamericano constituya el mejor sistema social, sino
por el simple hecho que toda Europa y Japón habían quedado
desvastados por la guerra; sus fábricas y poderosos complejos
industriales, cómo sus principales centros urbanos, habían sidos
destruídos en una conflagración mundial, que no llegó al territorio
norteamericano, porque ninguna bomba cayó en los Estados Unidos
de América durante la Segunda Guerra Mundial, ninguna fábrica
ni complejo industrial norteamericano fué bombardeado y destruído.
Por su lejanía geográfica, y por no existir la actual tecnología militar
de los cohetes nucleares intercontinentales, capaces de destruir
cualquier país y lugar del mundo, los Estados Unidos permanecieron
intactos e intocables durante ese conflicto.
Y no solo eso; los Estados Unidos se enriquecieron también hasta más
no poder de ese conflicto. Por cuánto los productos industriales
norteamericanos eran los únicos que se vendían, en un mundo destruído
por la guerra. Y se vendían sin competencia. Porque ningún otro país
en el mundo podía producir para competir con los Estados Unidos de
América, que era el único país del mundo que había conservado intacto
sus enormes fábricas y complejos industriales, y que sin ninguna
competencia, ponía también precio a sus productos. Productos que se
necesitaban y que sólo a los norteamericanos se les podía comprar.
Fué en esta situación en que se estableció el Dólar cómo divisa
internacional, y cómo producto de una coyuntura histórica determinada
que favoreció a los Estados Unidos de América y que los norteamericanos
aprovecharon, pero no como producto de la supeioridad del capitalismo
norteamericano cómo sistema social, contra cualquier otro sistema en
el mundo.
Cuándo la economía europea y japonesa fueron reconstruídas, y sus
calificados productos hicieron su entrada en el mercado internacional ,
comenzó el final del Dólar como divisa internacional (“única”), ante el
empuje de nuevas economías mundiales que se desarrollaban y competían
con sus productos en el mercado económico internacional. Así surgieron
el marco alemán, el franco francés, la libra esterlina, la lira italiana y
el yen japonés, cómo concurrentes más fuertes que el Dólar norteamericano,
que tiene ya en el mercado económico internacional, su propio peso y
fuerza financiera, y que acorrala también a un Dólar víctima de la
astronómica e incurable inflacción que hoy también caracteriza a la
economía y al Dólar norteamericano.
Estos hechos y realidad histórica es lo que nos permite hoy afirmar que,
la moneda del futuro no va a ser el Dólar. Cómo tampoco lo va a ser el
marco, el franco, el yen, la libra esterlina o la lira, -para citar ejemplos-.
La moneda del futuro la va a representar el sistema económico capaz
de representar y sintetizar las evoluciones, el progreso y los cambios
que deparan las necesidades económicas del mundo del futuro, y las
soluciones capaces de satisfacerlas.
La integración económica del Mercado Común Europeo y el propio
desarrollo de la Era Espacial en que nos encontramos, son el preludio
de la estructuración de una Nueva Sociedad basada en el conocimiento
y la conciencia, de que la raza humana es única e indivisible y cómo
tal constituye una misma familia, y el Planeta Tierra que habitamos,
es el hogar de esa gran familia en su conjunto; hogar que hay que
cuidar, asegurar y preservar, a través de la solución de los problemas
que amenazan con destruirlo cómo lo son los problemas político-sociales.
Una nueva estructuración económica es necesaria para lograrlo, y
ésta debe ser realizada en base a las exigencias y necesidades del futuro.
Y la creación de un Sistema Monetario Unico, supeior a los hasta hoy
conocidos, es la fórmula capaz de garantizar el éxito de esta nueva
estructuración económica, y que nosotros senalamos se debe realizar
con el NUMERO 666, cómo código que represente y abarque todas
las transaciones económicas y comerciales, tal y cómo lo hace
nuestro “Código de Negocios 666”.