Es imposible rebatir que, la creación de un Nuevo Orden Económico
Internacional, no exige la racionalización internacional de los recursos
naturales existentes en el mundo, cómo una de sus bases de substentación.
Esto es verdad, por el incuestionable hecho que, sólo a través de una
racionalización internacional de los recursos naturales existéntes en el
mundo, es que se puede planificar una economía mundial que elimine las
especulaciones particulares y egoístas que caracterizan, a los grandes
monopólios y cárteles económicos internacionales, y garantizar también
a la Humanidad, una racional utilización y explotación de los mismos en
beneficio de toda la sociedad humana en su conjunto, y no de minorías y
países “privilegiados”.
Al mismo tiempo tenemos también el hecho que, los recursos naturales
existéntes hoy en el mundo, no son inagotables. Tienen una limitada
existéncia de explotación. Y por lo tanto tiénen, necesariamente que ser,
racionalmente utilizados y explotados en beneficio de toda la Humanidad.
Cuándo nosotros, al presentar nuestro “Proyecto 666” senalamos la
necesidad de crear un Nuevo Orden Económico Internacional, lo hacemos
conscientes de que las regulaciones y matices que caracterizan las actuales
relaciones económicas internacionales, son incapaces de solucionar los
gravísimos problemas sociales que hoy aquejan a la Humanidad.
La búsqueda de nuevas soluciones, y de soluciones capaces de resolver
los problemas actuales y los que deparan el futuro, en todos los órdenes,
nos obliga a renunciar a las ataduras y dogmas que caracterizan a las
actuales ideologías y sistemas político-económicos, y a encontrar y buscar
las soluciones de esos problemas, en la estructuración y creación de una
nueva visión del mundo y de la Humanidad.