(Final de) XV.
Las influencias de José Martí (1853-1895),
existentes en “Altazor”.
Cuando Vicente Huidobro escribe en “Altazor”:
“Ancla cielo
sus raices.
El destino tanto azar
Se desliza deslizaba
Apagándose pradera
Por quién sueña
Lunancero cristal luna
En que reino
de sus hierros
Ancla mi golondrina
Sus resortes en el mar”. (71)
(71). Vicente Huidobro, ibid. 1992:134.
Encontramos aquí la inspiración y ayuda mística de José Martí, en el uso de los octosílabos,
repetición de fórmulas, y demás artificios como unificadores del ritmo. Cosas que José Martí
en vida no tuvo tiempo para experimentar y usar, a pesar de haber sido como poeta, original y
de su tiempo, que supo imprimir a su poesía, una vigencia literaria para todas las épocas, y
como podemos muy bien comprobar al leer en sus “Versos Sencillos”, el siguiente poema:
“Si ves un monte de espumas,
es mi verso lo que ves:
mi verso es un monte y es
un abanico de espumas.
Mi verso es como un puñal
que por el puño hecha flor:
mi verso es un surtidor
que da un agua de coral.
Mi verso es de un verde claro
y de un jazmín encendido:
mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo
Mi verso al valiente agrada:
mi verso breve y sincero
es del vigor del acero
con que se funde la espada”. (72)
(72). José Martí, en “Versos Sencillos”, citado por Emiliano Diez-Echarri y José María R.
Franquesa, ibid. 1972:1211.
Ayudó pues indiscutiblemente José Martí, a proporcionarn a la poesía de Vicente Huidobro en
“Altazor”, ese “vigor del acero con que se funde la espada”, características martiana de la
poseía huidobriana.
En una situación en que ya he presentado y descrito dos casos concretos de dos creadores,
-Pablo Picaso y Patience Worth-, que han continuado realizando sus obras después de muertos:
es imposible rebatir la veracidad, exposiciones y afirmaciones de este estudio científico mio,
sobre el proceso de creación literario en “Altazor”.
No se pueden rebatir ni descartar entonces mis afirmaciones y argumentos como
irresponsables, inaceptables, anti-científicos e improcedentes porque:
La existencia de todos esos fenómenos, increíbles y misteriosos que escapan a la razón, son
ampliamente conocidos, ocurren con mas frecuencia hoy en el mndo, y pueden también ser
afortunadamente, estudiados, documentados y presentados al mundo, sin las –lamentables-
censuras que en el pasado imponían, las inquisiciones académicas, politicas y religiosas.
En este sentido, necesario es señalar también que la mejor prueba de mis afirmaciones y
exposiciones al respecto, la constituye la realización de este trabajo y estudio científico
sobre el proceso de creación literario, y las influencias que en el tienen, las grandes Fuerzas
Místicas Sobrenaturales existentes en el Universo. Porque un trabajo y tésis como ésta,
-posible solo con mi aparición y existencia hoy en el mundo como El 666-: jamás puede ser
inventado, falsificado, copiado, ni producido, por ninguna otra persona en el mundo ni en
ninguna universidad del mundo, ni siquiera como un género de ciencia ficción.
Esta es la increíble realidad y verdad existente en la realización de esta tésis doctoral que,
ha sido ya por mi presentada y defendida existósamente, -como muy bien he señalado y explicado
en la Introducción-, en esa no menos increíble “Universidad Cósmica de Dios” existente en el
Universo, que por esta tésis ya me ha otorgado el título de: Doctor en Ciencias Literarias.
Y si cualquier científico y universidad del mundo al respecto, desea “demostrar” que todo esto
no es cierto; yo les reto a todos como El 666 hoy en el mundo, a que demuestren con sus famosos
e infalibles “conocimientos científicos”, que yo estoy equivocado al respecto, y que esta tésis
mía sobre el proceso de creación literaria, no merece ni ha puede merecer nunca ningún
reconocimiento ni doctorado, en ninguna universidad del mundo, -y mucho menos en una Universidad
de Dios-, por las “mentiras” y “falsedades” que le caracterizan... -para citar un ejemplo-.
Los lectores pueden tener la completa seguridad que, ninguna autoridad académica ni universidad
en el mundo, puede descalificar esta tésis mía sobre el proceso de creación literario, ni mucho
menos desconocer las aportaciones, enseñanzas y verdades perennes que a las ciencias literarias,
yo aporto ahora al mundo con esta tésis doctoral y trabajo científico sobre el proceso de
creación.
Y es que la propia exposición y análisis que yo hago en esta tésis y estudio científico, sobre
el proceso de creación de Vicente Huidobro en Altazor, y de quién escribe El 666, sobre mi libro
“Poemas de Amor, de Sueños y de Luchas”, constituye y representa en si mismo, una evidente e
irrefutable prueba de la originalidad, veracidad y procedencia, de las increíbles conclusiones
científicas por mí aquí presentadas.
Estoy consciente de que tomará largo tiempo a los expertos literarios especializados, por
ejemplo en la poesía de Vicente Huidobro, para poder analizar, comprender y aceptar la veracidad
de mis afirmaciones, pero eso npo quiere decir que nunca lleguen a hacerlo.
Y es que, mis afirmaciones, conclusiones y revelaciones científicas al mundo en esta tésis
doctoral literaria, son tan increíbles y díficiles de reconocer y aceptar, como esa misma
realidad cósmica en la que se producen y existen todos estos fenómenos sobrenaturales, y en
la que las verdades, las realidades y los hechos hablan por si solos, obligando ya incluso hoy
a la ciencia a reconocerlos y estudiarlos, aún sin poder todavía comprender las razones y las
causas, de la verdadera esencia de su existencia.
Concluyo entonces este capítulo recordando a mis lectores, analístas y críticos que:
La mas aleccionadora lección que en este final del Siglo XX ha dado al hombre,
(en este año de 1995 en el que escribo todo esto), la evolución, el desarrollo y el progreso de
la sociedad humana y de la Ciencia: es la autodestrucción de esa Nueva Inquisición que bajo el
nombre de la “Ciencia”, se quiso instaurar y perpetuar en el mundo, bajo las banderas del
“marxismo-leninismo”: Inquisición “científica”, espacial y atómica, que se ufanaba de la
veracidad e “inmortalidad” de su ciencia, al defender y proclamar durante más de setenta años,
la “invencibilidad” y “supremacía” de su objetividad y materialismo científico:
“La ciencia, como forma especial de la conciencia social y elemento imprescindible de la
cultura, forma un sistema de conocimientos sobre el mundo que nos rodea, sobre las leyes que
rigen el desarrollo de la naturaleza y de la sociedad. La encargada de comprobar y demostrar la
autenticidad, la veracidad y la objetividad de esos conocimientos, es la práctica.
“Por oposición a la religión, que es un reflejo fantástico de la realidad, el conocimiento
científico, apoyándose en la práctica y contrastado por ella, puede ofrecernos y nos ofrece la
verdad objetiva, es decir el reflejo certero del mundo objetivo. El curso de desarrollo del
conocimiento humano va desde el conocimiento menos profundo al mas profundo, desde el
conocimiento de los fenomenos al de la esencia y desde el de una esencia a otra mas profunda.
La ciencia descubre las leyes del mundo objetivo y nos da, al hacerlo, la posibilidad de preveer
los acontecimientos, sirviendo asi de instrumento para la transformacion practica del mundo
por el hombre, de instrumento para someter las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad a los
intereses de esta”. (73).
(73). F. V. Konstantinov: “El Materialismo Historico”, pag. 367, ed. 1966, edit. Grijalbo,
Mexico, -publicado bajo los auspicios de la “Academia de Ciencias de la U.R.S.S.”...
Esa “ciencia” afortunadamente ya no existe. Pereció bajo el peso de su autoproclamada
infalibilidad, eternidad y divinidad “científica”. A nadie debe entonces sorprender que, bajo
tan grandes e “irrebatibles” “horizontes científicos”; no se haya podido producir ni escribir
nunca una gran obra de poesía como el “Altazor” de Vicente Huidobro.
XVI. Las influencias de Rubén Darío (1867-1916),
existentes en “Altazor”.
Muchos expertos literarios afirman –y sin equivocación alguna- que, nadie ha tenido desde los
tiempos de Lope de Vega, la potencia lírica de Ruben Darìo.
Maestro entre Maestros, la poesía de Rubén Darío es una de las más importantes de la lengua
castellana, y en mi opinión personal, de todos los tiempos.
Potencial, variada y vibrante; elegante fácil y precisa, la poesía de Rubén Darío es un reto a
todos los tiempos. No es de extrañar entonces que semejante genio literario, perenezca también
a lo que yo aquí llamo, ese “Club de Escaldos Inmortales”, que ha ayudado también desde el más
allá, desde la propia muerte, a la realización de “Altazor”, iluminnado y proporcionando a
Vicente Huidobro, una buena parte de su capacidad y genio literario, porque “Altazor” está
también forjado con el conocimiento, la indagación y respuesta a esas mismas incógnitas que
atormentaron la existencia y vida material de Vicente Huidobro y Rubén Darío.
Cuando Vicente Huidobro se pregunta y escribe en “Altazor”:
“Porqué soy prisionero de esta trágica busca?
Que es lo que me llama y esconde
Me sigue me grita por mi nombre
Y cuando vuelvo el rostro y alargo las manos de
los ojos
me echa encima una nibela tenaz como la noche
de los astros ya muertos?
Sufro me revuelco de la angustia
Sufro desde que era nebulosa
Y traigo desde entonces este dolor primordial en
las celulas
Este peso en las alas
Esta piedra en el canto
Dolor de ser isla
Angustia subterránea
Angustia cósmica
Poliforme angustia anterior en mi vida
Y que la sigue como una marcha militar
Y quen irá más allá
Hasta el otro lado de la periferia universal
Consciente
Inconsciente
Deforme
Sonora
Sonora como el fuego
El fuego que me quema el carbón interno y el
alcohol en los ojos”. (74)
(74). Vicente Huidobro, ibid. 1992:71-72.
Encontramos las huellas de Rubén Darío que también se preguntó:
“Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y mas la piedra dura, porque esa ya no siente:
pues no hay dolor mas grande que el dolor de ser
ni mayor pesadumbre que la vida consciente. –vivo-,
Ser, y no saber nada: y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...,
y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber a donde vamos,
ni de dónde venímos...!”. (75)
(75). Rubén Darío, en “Lo fatal”, citado por Diez-Echarri y José María R. Franqueza, ibid.
1972:1242.