! Crea en El 666, siga a El 666 !
! Apoye a El 666 !
!El 666 revela algunos aspectos sobre la vida del
del Coronel Caamaño en Europa!
666
(Continuación de): LA ETAPA DE LUCHA REVOLUCIONARIA MARXISTA DE EL 666, AL LADO DEL CORONEL FRANCISCO ALBERTO CAAMAÑO DEÑO, EN 1965-1973.
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
El Coronel Caamaño camuflajeado de "gentleman" en Londres 1966.
(Continuación de) 100. LA ETAPA DE LUCHA REVOLUCIONARIA MARXISTA DE EL 666, AL LADO DEL CORONEL FRANCISCO ALBERTO CAAMAÑO DEÑO, EN 1965-1973.
(“Proyecto 666” de Michel Smiely “666”)
(Capítulo 24). NUESTROS PROYECTOS REVOLUCIONARIOS EN 1967.
(Tomado del libro; "La Tragédia de una Revolución Inconclusa" de Michel Smiely "666" ):
De nuevo nos encontrábamos en otro parque londinense, analizando los problemas de nuestra revolución, y profundizando en los tópicos de nuestra conversación anterior. Explicándome el Coronel Caamaño cómo había proyectado, viajar disfrazado en un barco a Santo Domingo, con el propósito de establecer una reunión en el país, con los principales líderes de la izquierda dominicana para encomiarles a que:
No continuáran cometiendo tantos errores políticos, afirmando que de tener éxito, su viaje constituiría un golpe psicológico demoledor, capaz de desacreditar la efectividad represiva del lacayo de turno, (el Dr. Joaquín Balaguer), y de imprimir también a la oposición, nuevos bríos revolucionarios. Aclarándome que no había realizado el viaje, sólo porque ciertos trabajos de la Organización, -que exigían su presencia personal-, se lo impedían.
Cuándo escuché aquello no pude contenerme, explicándole con acusado nerviosismo que ese proyecto era una locura, y advirtiéndole también que, cualquier intento suyo de convertirse en un Robin Hood revolucionario podía costarle el pellejo, y que aún suponiendo que su acción tuviese éxito; no ayudaría a la izquierda dominicana y a la oposición gubernamental, a superar el atolladero en que se encontraban metidos, como consecuencia de su incapacidad y corrupción política, señalándole también:
Cómo debíamos caer de nuevo en la discusión final de mi tésis revolucionaria, presentada en nuestra primera reunión, referente a la necesidad de garantizar la efectividad e independencia de la Organización y su seguridad personal, en el transcurso de nuestra lucha revolucionaria, lo que consideraba imprescindible para poder garantizar nuestro éxito revolucionario.
Le subrayaba que, el Frente Central Guerrillero debía ser ampliado de los quince hombres que él me señalaba a SESENTA, que yo EXIGIA, para dotar teóricamente al GRUPO CENTRAL, de adecuado volúmen de fuego y capacidad militar y que, bajo ninguna circunstancia en el transcurso de nuestra guerra revolucionaria, el JAMÁS debía moverse con menos de TREINTA HOMBRES, porque en MI OPINION, (y desechando consideraciones militares de escuela que, consideraba perjudiciales para nuestro éxito revolucionario), hacerlo, sería reducirle a una posición militar de combatiente y antes que combatiente, él era un dirigente revolucionario, con la agravante de ser también, la FIGURA CENTRAL de la Revolución Dominicana.
El líder capáz de aglutinar y dirigir a nuestro pueblo, en su lucha contra el imperialismo, lo que quería decir que TODOS NOSOTROS, automáticamente, (y cómo ya sabíamos a través de nuestros servicios de información), estábamos CONDENADOS A MUERTE, por el IMPERIALISMO NORTEAMERICANO en la Revolución Dominicana. Y los enemigos de nuestra revolución consagrarían todos sus recursos, para intentar liquidarnos en el país y decabezar así, a nuestro movimiento revolucionario, lo que significaría también nuestra derrota.
Era cierto que él, -Caamaño-, cómo cualquier otro de Nosotros, podía también caer en combate, pero le señalaba que Nosotros no estábamos en condiciones de resistir su pérdida, ni mucho menos de substituirla. La única garantía que teníamos de poder continuar sin él la lucha revolucionaria era, después de un periódo de consolidación de nuestro movimiento guerrillero, dónde, un equipo de dirección colectiva, -tipo vietnamita-, podía formarse al calor de la lucha revolucionaria. Lo que quería decir que Nosotros, no podíamos darnos el lujo de correr al comienzo de la lucha, riesgos innecesarios.
El Coronel Camaño me demsotró en términos militares que, una guerrilla –un frente guerrillero- de sesenta hombres, difícilmente podía pasar desapercivida, constituyendo también problemas logísticos –avituallamiento-, de díficil solución, por lo que el volumen de fuego del Comando Central Guerrillero debía estar ajustado, a la máxima movilidad del grupo, garantizada por una integración de quince hombres que era, -e su opinión-, lo que él debería encabezar, repitiéndome que en la movilidad, era dónde residía su mayor seguridad, no en la cantidad de hombres.
Le señalé entonces al Coronel Caamaño que, dónde se meten quince hombres se meten también sesenta, y que la disciplina revolucionaria unida a la capacidad militar, darían a sesenta hombres la movilidad de quince, y que aunque yo no sabía nada de milicia y no podía discutir con él en ese plano, de lo que había leído y estudiado al respecto, y en base a las características de nuestra lucha, había sacado la profunda convicción de que ni él ni nadie, podía demostrar que sesenta revolucionarios en un monte, entrenados y armados hasta los dientes, carecían de mayor movilidad, capacidad y volúmen de fuego que quince hombres, sujetos a emboscadas, adversidades y combates constantes dónde, cada baja constituiría la pérdida de un brazo o una pierna de nuestro equipo expedicionario.
Que veinte hombres marchando a los flancos, otros veinte a la vanguardia y retaguardia, -divididos todos en grupos de diez-, más veinte que cubrirían el centro, -y permanecerían en reserva-, que era dónde él debería marchar (y este esquema militar es anti-académico), tenían mayores posibilidades de resistir victoriosamente, cualquier emboscada imprevista o adversidad que presentara el campo de batalla, y que si a menor cantidad de hombres había mayor capacidad de movimientos, teníamos también que reconocer que a menor número de hombres, correspondía también mayor vulnerabilidad.
Además, si por circunstáncias imprevistas el Comando Central era el único frente guerrillero, quince hombres eran inadecuados para resistir las dificultades que caracterízan, los comienzos de toda lucha guerrillera, explicándole yo al Coronel Caamaño que yo había consultado en la Unión Soviética, a muchos ex -combatientes guerrilleros, (incluídos a veteranos de la guerra civil española), contra los alemanes y a otros tantos coreanos, vietnamitas, argelinos y cubanos, a los que ocasionalmente tenía yo acceso y que éstos me habían subrayado, la gran importancia de los recursos humanos para todo foco guerrillero.
Lo que quería decir que yo no inventaba nada, cuando le sugería que, siguiendo nuestros planes originales de lucha de crear VARIOS focos guerrilleros, el Comando Central no debía tener menos de sesenta hombres, y que el enemigo NO DEBIA conocer, en cual de los frentes guerrilleros se encontraría él –Caamaño-, combatiendo.
Reafirmándole mi opinión de que NOSOTROS, estaríamos en condiciones de desarrollar nuestra guerra revolucionaria, SOLO cuando POSEYERAMOS un aparato de lucha INDEPENDIENTE, capaz de SOBREVIVIR con sus PROPIOS RECURSOS, la lucha revolucionaria, y que ese aparato de lucha debía integrar preferiblemente, CINCO FRENTES GUERRILLEROS, tres de los cuáles debían tener 180 hombres (60 en cada grupo), y dos, 40 hombres, (20 por grupo), con un TOTAL de 220 HOMBRES.
Esta FUERZA RURAL debía tener al mismo tiempo, el apoyo de un APARATO URBANO de 230 hombres, subdivididos en un grupo central que actuaría en Santo Domingo, integrado por 100 hombres que puestos en ACCION, movilizarián otros trescientos, (reservas), en acciones suicidas de grupos comandos de diez a quince hombres que, debían paralizar la capital dominicana y efectuar la mayor cantidad de bajas posible al imperialismo y a su tiranía de turno, incluyendo ataques con morteros al Palacio Nacional, al Cuartel General de la Policía y a la Fortaleza Ozama. (El objeto de estas últimas acciones eran de orden psicológico y de demostración de fuerza, más que de orden militar). Los restantes 130 hombres, debían ser distribuidos en el interior del país, como CUADROS de DIRECCION, de otros grupos de acción que, por razones de seguridad, no debían sobrepasar los 350 hombres.
Lo que queria decir que con una FUERZA REAL de 450 HOMBRES, Nostros estaríamos en condiciones de prender el país y de garantizar el éxito de nuestro pequeño Vietnam. Ya que para nadie es un secreto en la República Dominicana
que, como consecuencia de la intervención militar norteamericana de 1965 en Santo Domingo, y de la asfixiante atmósfera de represión, corrupción y depauperación a que se encuentran sometidas las grandes masas, el Pueblo –dominicano- repudia al imperialismo norteamericano, y a su lacayo de turno (el Dr. Joaquín Balaguer), teniendo nosotros en ello la mejor garantía de que con una congruente y espectacular acción militar, arrastraríamos al Pueblo a la lucha armada revolucionaria, creando otro 24 de Abril.
De los 450 HOMBRES, -continuaba yo analizándole al Coronel Caamaño-, 300 serían los que tendríamos necesidad –primordial- de entrenar –militarmente- en el extranjero, (el cuerpo guerrillero en su totalidad más otros cuadros especializados en seguridad, dirección de grupos comandos y sabotaje), por poseer Nosotros en el país –en la República Dominicana-, cuadros entrenados y en condiciones de desarrolar éxitosamente, la guerra urbana.
El grueso de la fuerza expedicionaria revolucionaria, debía ser introducida paulatina y clandestinamente al país, lo que reducía el problema central, al éxitoso regreso del Coronel Caamaño a la República Dominicana, etapa en la que inevitablemente tendríamos que correr, los máximos riesgos y que considerábamos la más peligrosa, para nuestro movimieno revolucionario.
En este punto estaba de acuerdo con el Coronel Caamaño, en el sentido de que su regreso al país debía efectuarse con un MINIMO de hombres, EVITANDOSE así la engorrosa situación de tener que efectuar una invasión que, ocasionaría problemas internacionales a nuestra Base Revolucionaria (Cuba).
Concluyéndole yo a Caamaño que, la estructuración de semejante aparato de lucha exigiría cómo mínimo, TRES AÑOS de trabajo, (los hombres había que reclutarlos entre el pueblo, en sus masas anónimas, no en la “izquierda” y en los demás partidos de “oposición”, infiltrados y corruptos por el imperialismo norteamericano), y un presupuesto base de DIEZ MILLONES DE DOLARES, invertidos en el terreno de operaciones; en la República Dominicana. Los gastos de entrenamiento y de armamentos en el extranjero –en Cuba-, no exigirían divisas.
Los diez millones de dólares los necesitábamos –en divisas-, para poder extructurar exitósamente en el país, nuestro aparato de lucha y darle a nuestros cuadros, libertad de acción e independencia económica, evitándose así que nuestros grupos urbanos tuvieran que llamar la atención de la tiranía de turno, con acciones de tipo económico; asaltos a bancos, a empresas privadas, etc., que podían poner en peligro la seguridad de nuestro aparato revolucionario en la República Domincana, que no debía de entrar nunca en acción antes de concluir su estructuración. (Nuestro regreso a la República Dominicana, era lo que debía iniciar las operaciones militares).
Diez millones de dólares es lo que cualquier jefe militar, tiranuelo o lacayo de turno –golpista o “demócrata”-, se mete en los bolsillos en nuestros países latinoamericanos en pocas horas de gobierno, o en cortos meses de “eficiente” “labor pública”, –civil o castrense-. Diez millones de dólares sin embargo, es un fondo económico muy difícil de conseguir, para cualquier movimiento revolucionario en estapa de conspiración y organización combativa.
Lo que un traidor y vende-patria criollo deposita en un banco de Miami, saqueando descaradamente y sin ningún tipo de problemas, las Arcas del Estado dominicano; era para Nosotros una cuestión vital. Una conquista de la que dependía económicamente el éxito de nuestros proyectos revolucionarios. Y como esos diez millones de dólares no podían obtenerses, del asalto a bancos y a empresas privadas o de secuestros políticos en la República Domincana; había que asignárselos como contribución e internacionalismo proletario, a un Pueblo Hermano ya liberado (Cuba), CAPAZ de prescindir de sus escasas comodidades materiales, para ayudar objetivamente al triunfo de la Revolución Dominicana, respondiendo también con ello a viejos lazos de amistad y hermandad.
El Coronel Caamaño estaba de acuerdo conmigo, en que mis proposiciones eran modestas, bien estudiadas y encerraban la fuerza mínima capáz de garantizar, el éxito de nuestros proyectos revolucionarios y aunque, teníanos diferencias en cuanto a los recursos que debíamos dedicar a su seguridad personal, esto no significaba que Caamaño desconociera la realidad de que, sus proyectos revolucionarios solo podrían materializarses, con una fuerza PROPIA e INDEPENDIENTE y que, esos 450 HOMBRES ELITES que yo le sugería, eran más seguros que el MEDIO MILLON de hombres que, los politiqueros, “demócratas” y charlatnes criollos le ofrecían, o que los “miles” de “marxistas-leninistas” que, según las promesas de los “camaradas” y “revolucionarios” dominicanos se UNIRIAN a la lucha, INMEDIATAMENTE el CORONEL CAAMAÑO llegara al país.
Ultimámos sin mayores inconvenientes los detalles de estos proyectos, -en cuya generalidad y para inolvidable sorpresa mía, habíamos coincidido-, estando Caamaño de acuerdo en que por mi juventud y conocimientos, podía llegar a ser su ayudante personal y el encargado de velar por su seguridad –física-, en el transcurso de nuestra lucha armada revolucionaria, encabezando y dirigiendo el cuerpo especial de seguridad –de guardaespaldas- que al respecto debía crearse, y substituyendo yo, después de un adecuado entrenamiento en nuestra Base Revolucionaria, al Mayor Alejandro Deñó Suero (“Chivú”), que sería ubicado en otro frente de lucha, por estar ya muy viejo para resistir los trajines de una lucha guerrillera, señalándome jocosamente Caamaño que, a lo mejor yo llegaba a ser tambien un buen militar y continuaba manteniendo en alto, la “tradición familiar”...(El padre del Coronel Caamaño -Fausto Caamaño-, había alcanzado por sus propios méritos y reconocida capacidad militar, el grado de General durante la Era de Trujillo -para citar un ejemplo-).
Nuevos informes, análisis y valorizaciones de la situación dominicana, (infiltración y corrupción en la izquierda, y en la oposición política “democrática” oficialmente reconocida), allanaron nuestras diferencias, aceptando al final el Coronel Caamaño mis sugerencias de lucha, cómo una carta de último recurso que garantizaría, nuestra libertad de acción e independencia combativa. Con modificaciones técnicas estos eran, los planes generales de nuestro Movimiento Revolucionario, en aquel difícil y fructífero año de 1967.
(Capítulo 25). LA CAPACIDAD DEL CORONEL CAAMAÑO COMO DIRIGENTE REVOLUCIONARIO DOMINICANO, PARA OBTENER EL APOYO INTERNACIONAL NECESARIO PARA GARANTIZAR, EL DESARROLLO DE NUESTRA LUCHA.
(Tomado del libro; "La Tragédia de una Revolución Inconclusa" de Michel Smiely "666" ):
Que esfuerzos, recursos y métodos necesita un dirigente político para realizar y dirigir una REVOLUCION?... Estas preguntas encierran un problema histórico de difícil solución. Problema para muchos insoluble, pero problema que hay que resolver, no sólo con las enseñanzas que arrojan el estudio de difíciles y gruesos libros de história y estratégia político-militar, sino también del estudio y análisis de las enseñanzas que también aportan toda lucha política.
Para el Coronel Caamaño la decepción más grande de su vida fue comprobar, lo que verdaderamente constituyen los Estados Unidos de América; ¡EL OPRESOR Y EL CULPABLE DE LA EXPLOTACION Y MISERIA DE NUESTROS PUEBLOS OPRIMIDOS!.
El Coronel Caamaño era un anticomunista por convicción, y cuándo ayudó a organizar en Santo Domingo el Cuerpo Policial represivo y antidisturbios mejor entrenado; los “Cascos Blancos”, lo hizo con tal esmero que su efectividad la demostraron, las innumerables cabezas rotas, contusiones y golpizas que presentaban los “agitadores comunistas”, al caer en las redes del “Orden Público”. La profunda huella que el Tio Sam había dejado en el Coronel Caamaño, se notaba en todas sus acciones y represiones policiales (de 1963-1964) contra el pueblo dominicano.
Para el Coronel Caamaño, los norteamericanos eran los defensores de la libertad, la justícia, la igualdad, el derecho, la felicidad y el progreso de los pueblos. Y los comunistas éran; los esbirros de Moscú, Pekín y La Habana, empeñados en la conspiración, el terrorismo y el crímen, (“cometidos contra los pueblos, la libertad, la democrácia y el cristianismo”), cómo métodos de lucha para derrumbar los piláres de la “civilización occidental”, amparando la verdad y la justícia, su lucha contra el “comunismo ateo y disolvente” (¡), hasta que el desarrollo de los propios acontecimientos políticos dominicanos, (Revolución Constitucionalista del 24 de Abril de 1965 y la intervención militar norteamericana en Santo Domingo del 28 de Abril de 1965), le quitaron la venda de los ojos al Coronel Caamaño y le demostraron que, los verdaderos y únicos enemigos de la dominicana, eran los yanquis.
Los norteamericanos han mutilado toda posibildad de transformación social en la República Dominicana, dentro de los marcos del tradicionalismo democrático, (de la “democracia representativa” que representa todo, menos al pueblo). Lo mutilaron desde el momento mismo en que derrocaron el gobierno constitucional del profesor Juan Bosch en Septiembre de 1963, y las consecuencias han sidos funestas para el imperialismo:
La Revolución de Abril de 1965, la necesidad de intervenir militarmente en la República Dominicana ese mismo año, el surgimiento de quien era, la figura histórica apropiada para realizar la Revolución Domincana; el Coronel Caamaño, (que por circunstancias adversas –y fortuitas-, no pudo cristalizar como dirigente revolucionario victorioso), depurando con ello definitivamente, el movimiento revolucionario dominicano, con el desenmascaramiento de politiqueros, “revolucionarios” y “líderes” de ocasión y etapas pasajeras, y por último:
Viéndose también los Estados Unidos en la necesidad de apoyar y establecer descaradamente en 1966 en la República Dominicana, una impopular y desacreditada tiranía de turno (la del Dr. Joaquín Balaguer), con la ayuda de trampas electorales que, lejos de garantizar los intereses USAS en la República Dominicana, encausando al país por el reformismo capitalista; empobrece y radicaliza al Pueblo dominicano, obligándole a comprender que la única solución a sus problemas sociales es, la REVOLUCION ANTI-IMPERIALISTA.
Por otra parte, los problemas político-sociales de la humanidad contemporánea, -como ya he analizado-, determinan que en la lucha de un Pueblo Oprimido participen, directa o indirectamente, (y cómo un producto de la correlación de las fuerzas políticas internacionales existéntes), los dos bloques en conflicto; el Capitalismo decadente y el Socialismo revolucionario. Relacionar, definir y utilizar estas fuerzas es difícil, porque cada una defiende sus intereses particulares, y éstos donde quiera que se dejan sentir imponen sus huellas, no concordando siempre los intereses del “duo”, con el de los pueblos oprimidos.
La época en que para defender y luchar por los Pueblos, -o por un ideal justo-, bastaban solo los hombres y el fúsil, ha pasado a la Historia. Hoy, la moral, la verdad, la justícia, los derechos, los principios, la conciencia, las ideas políticas y las mismas necesidades humanas, tienen su precio en oro.
La corrupción de hoy (1967) en el mundo es tal que, hoy oficialmente con derechos, razón, necesidad, etc., no se va a ninguna parte, y mucho menos se realizan victoriosamente las revoluciones. (Santo Domingo 1965 y después Chile 1973, no han sido nunca la excepción). El aparato represivo del imperialismo norteamericano no se derrota solo, con la moral y los derechos que proporcionan una causa justa.
Para alcanzar una victoria revolucionaria es necesario, aparte de las cualidades, necesidades y derechos morales, (que en esencia son los valores que transformarán al mundo y que se impondrán en su día, a la degeneración mundial que actualmente conocemos, en este final del Siglo XX); medios, recursos, posibilidades. El nexo histórico existe. La situación real de la mayoría de los Pueblos del mundo lo impone; la Revolución es una necesidad, pero ésta no surge de la nada y no puede existir sin la acción de los hombres, y cuándo éstos son indiferentes, los problemas persisten y permanecen por largo tiempo inconmovibles. (Tal es la importancia del factor humano en la mecánica de la realización de los procesos sociales).
REALIZAR pues una REVOLUCION, requiere MEDIOS, (los sacrificios personales no bastan por si solos, para garantizar el triunfo), MEDIOS ESPECIALES que hay que OBTENER y BUSCAR, dentro de los MARCOS de la humanidad ACTUAL. Y esa ayuda se obtiene de acuerdo a la NATURALEZA e INTERESES, de las FUERZAS EN CONFLICTO.
La REALIDAD POLITICA de nuestro tiempo es una; o se está con los Pueblos o contra los Pueblos. O se es revolucionario o se es contrarevolucionario. O se está con la justícia, con el derecho, con la libertad y con el progreso, o se está con la desigualdad, con la explotación, con el crímen y con el atraso. No hay términos medios. O se es o no se es...
Esta es la realidad histórica sobre la que se tiene que actuar, y en la que el Coronel Caamaño tuvo que terciar, como defensor y dirigente revolucionario de un Pueblo Oprimido. La “desaparición” del Coronel Caamaño tiene aquí su explicación. (De 1967 a 1973 el Coronel Caamaño estuvo oficialmente “desaparecido”, “desaparición” con la que se intentó ocultar su necesaria permanencia y estadía en Cuba durante esos años).
Y esta “desaparición”, que no fue otra cosa que la búsqueda del apoyo internacional necesario, para poder enfrentar a un enemigo mil veces superior y garantizar con ello, el desarrollo de nuestra lucha revolucionaria, se efectuó en momentos de profunda y grave crísis en la unidad del Movimiento Revolucionario Internacional, obteniendo el Coronel Caamaño (en Cuba), el apoyo encesario para garantizar el desarrollo de nuestra lucha, gracias a la conciencia política e integridad moral, de un Pueblo hermano ya liberado, militantemente identificado con la justa lucha de nuestros Pueblos Oprimidos, y a su conocido y probado surgimiento –en 1965-, como dirigente revolucionario latinoamericano de fama internacional.
El Coronel Caamaño que para esa época era ya, una figura político-militar fogueada y con conciencia propia, sobre la importancia de su papel político en la República Dominicana, cumplió exitósamente esta tarea, con una conciencia e integridad política cómo pocos hombres de su época han logrado tener, en el Continente Americano.
(Capítulo 26). MIS RECUERDOS LONDINENSES DE 1967, AL LADO DEL CORONEL CAAMAÑO.
(Tomado del libro; "La Tragédia de una Revolución Inconclusa" de Michel Smiely "666" ):
Los días en Londres (1967) transcurrieron rápidamente, con las cargas históricas que arrastran las conspiraciones revolucionarias, en la planificación y aprobación de proyectos de lucha destinados a liberar a un Pueblo Oprimido.
Para mí serían días inolvidables, por haber llegado a lo que consideraba el pináculo de mi “carrera política”; la responsabilidad de velar en el transcurso de nuestra lucha revolucionaria, por la seguridad personal del máximo líder de nuestra revolución (el Coronel Caamaño), y la aprobación de proyectos que cuidadosamente había venido elaborando, para garantizar el desarrollo de la Revolución Dominicana y el éxito de nuestra lucha revolucionaria.
Cuándo le expuse al Coronel Caamaño mi idea de que con una Fuerza Elite de 450 HOMBRES, podíamos desarrollar exitósamente la lucha armada en la República Dominicana, por permitirnos esto crear también un aparato revolucionario autónomo e independiente, capaz de resistir los azares propios de la guerra y de incorporar al oprimido Pueblo dominicano, a la lucha armada revolucionaria; Caamaño comprendió que él no era el único “loco” que se apartaba de los esquemas tradicionales, (esquemas de irresponsables, charlatanes y pedantes), que plantean:
La necesidad de aglutinar a MILES de hombres (¿?...), para estar entonces en condiciones de lanzarses a la lucha armada, en una situación –cómo la dominicana-, en que el imperialismo norteamericano y sus lacayos criollos -representados por el desgobierno del Dr. Joaquín Balaguer-, no duermen, y tienen los resortes del Poder y diezman con la corrupción, la infiltración, la división, el terror y el crímen, las filas del movimiento revolucionario dominicano y de la oposición en general.
Cómo se puede entonces pretender poder aglutinar a MILES de hombres, para iniciar una lucha armada revolucionaria, sin que los enemigos de los Pueblos se enteren, y sin correr los riesgos de una infiltración y traición que destruyan, las posibilidades de victoria de un movimiento revolucionario?...
Cómo se puede menospreciar la capacidad y recursos de los enemigos de los Pueblos y de la Revolución?. Qué premisas históricas o experiencias de lucha justifican semejante SUICIDIO?. “Quiénes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”, observaba acertadamente el filósofo Santayana, y en esta sabia afirmación podemos econtrar, el alto precio que arrojan las lecciones nunca aprendidas.
Mis sugerencias e ideas de lucha revolucionaria al Coronel Caamaño en 1967, estában tan cuidadosamente estudiadas que reducían a 300 hombres, el grueso de la fuerza que requería entrenamiento en playas extranjeras, y a tres años el tiempo mínimo necesario para estructurar semejante aparato revolucionario.
Esta fuerza, que debía constituir el puño de acero del Pueblo dominicano oprimido, y la columna vertebral de la Revolución Domincana, tendría por su naturaleza y capacidad combativa, el control del movimiento revolucionario dominicano, en la dirección y desarrollo de acontecimientos que girarían, en torno a nuestras acciones, estratégias y tácticas revolucionarias, y en una lucha armada que NOSOTROS impondríamos en nuestro país al imperialismo norteamericano y a sus lacayos criollos:
En un terreno ESCOGIDO por NOSOTROS, (dónde la maquinaria represiva sería más debil), y cuya manifestación sería una guerra de guerrillas que a largo plazo, sería desvastadora y tendría la capacidad de destruir, la represiva maquinaria de Poder del tirano de turno (del Presidente Joaquín Balaguer), haciendo saltar en mil pedazos la caduca sociedad dominicana, cuyas bases no resisten el más leve toque de la “História”; la combatividad de un movimiento revolucionario correctamente organizado.
Cuando traté con el Coronel Caamaño los problemas que aquejan a nuestro país –la República Dominicana-, el entendimiento fue tan rápido que muchas cosas fueron innecesarias tener que señalar. Caamaño me valorizó desde el momento mismo que llegué a su casa y en ello entró, desde las informaciones y los hechos que de mi conocía, hasta su intuición unida al trato personal, aparte de las relaciones familiares, y de las que ya venía existiendo entre nosotros:
Desde la propia Revolución de Abril de 1965, cuando el Coronel Caamaño secretamente me pidió ser, su infiltrado y agente especial de seguridad en las filas de una izquierda “revolucionaria” dominicana que conspiraba contra su vida y seguridad personal, por considerar al Coronel Caamaño como un “representante” y "agente del imerialismo" infiltrado en la dirigencia de la Revolución Dominicana, así cómo también:
Desde esa gran confianza y misión especial que el propio Coronel Caamaño, antes de salir en 1966 de la República Dominicana para el exilio en Inglaterra como Agregado Militar; me encargó también secretamente de cumplir. La misión de viajar a la Unión Soviética como su enviado especial, para analizar y estudiar yo en el terreno mismo de los hechos, lo que verdaderamente era el comunismo ruso y poderle proporcionar después al Coronel Caamaño en Londres, una para él creíble y sincera evaluación del mismo, y de si valía o no la pena solicitar la ayuda rusa, para alcanzar nuestro triunfo revolucionario.
Mi situación no obstante fué en Londres 1967, y a pesar de tener yo ya ante el propio Coronel Caamaño este curriculum revolucionario; una situación exigente e incómoda, por tener yo que demostrar muchas otras cosas en un tiempo breve. Lo que constituyó también para mí, todo un record revolucionario.
Demostrar mi resistencia física no fué difícil, porque además de ser yo abstemio
-no bebo ni fumo-, cualidades que garantizan mi salud, me proporcioné en la Unión Soviética un adecuado entrenamiento, efectuando regularmente en Moscú, marchas forzadas en el perímetro de un bosque adjunto, a la Universidad Patricio Lumumba, a donde oficialmente había ido a estudiar.
Marchas de tres y cinco kilómetros en las que compensaba la poca cantidad de kilómetros, con la rapidez y cantidad del recorrido.
Así, cuando meses más tarde llegué a Londres y el Coronel Caamaño me preguntó, si yo era capaz de caminar con el “unos cuantos kilómetros” en un día de marcha, le contesté con la serenidad y firmeza de quién sabe lo que esto significa; “!Nada pierdes con probarme!”... Caamaño tenía a su lado una pesa de unos 60 kilos y yo un manual especial de gimnasia preparado en Argentina, de acuerdo a mi naturaleza física, salud, peso y estatura.
La “caminata” con el Coronel Caamaño se efectuó a paso forzado, hacia unos de los aeropuertos de las afueras de la capital inglesa. Cada hora hacíamos una parada de cinco minutos. Faltarían cuatro o cinco kilómetros para llegar a la meta establecida, cuándo unos de los compañeros se cansó de tal forma que nos obligó a regresar, preguntando después Caamaño a todos –después de un merecido descanso de nuestra improvisada tropa integrada por diez compañeros-, si deseábamos continuar, y entre los pócos que lo solicitaron estaba yo.